jueves, 25 de junio de 2009

LA PRESIDENTA Y EL CONSUMO

El capitalismo es al mismo tiempo un estado del mundo y un estado del alma. La señora presidente es una promotora feroz del capitalismo. Cree que tiene su fórmula esencial; en cuanto foro se presenta lo repite: “consumir, consumir y consumir”. Por estos días, el señor Macri expresó su deseo de privatizar nuevamente Aerolíneas o las AFJP. No causa sorpresa, es una ratificación de su visión neoliberal. Un poquito más llamativo le puede resultar a algunos que la presidenta haya expresado que critica a los neoliberales por no haber sido y por no ser suficientemente capitalistas. “Las políticas de ajuste no son capitalistas” dijo en Santiago del Estero este 24 de Junio. Se equivoca burdamente, el saqueo y la transferencia de recursos hacia los más ricos son capitalismo a pleno. Pero ella volvió a insistir: “la característica más distintiva del capitalismo es precisamente el consumo”Lo que la presidenta afirma es una verdad antropológica central del capitalismo. El capitalismo transforma a todas las cosas y a todos los hombres en mercancías y, en consecuencia, consume cosas y hombres hasta destruir la existencia misma del mundo humano tal y como lo conocemos desde el paleolítico hasta acá.Las memorias, creencias, pensamientos y anhelos que intentamos expresar nosotros son antagónicos a los de la presidenta; y a los de Macri , claro. Ella defiende el capitalismo, nosotros aspiramos a un orden humano, que vuelva a ser capaz de considerar a algunas cosas, a todos los hombres y, definitivamente, al mundo como no comestibles, como no consumibles, como sagrados.Intentaremos explicar esto con un ejemplo y un fuerte idea del amigo Santiago Alba Rico.En Marzo del 2001, antes de que el compañero Correa llegara a la presidencia del Ecuador, la compañía petrolífera europea AGIP , que en los ocho años anteriores había aumentado sus ganancias en un 297 por ciento, hizo un trato con las comunidades huaorani que habitan la selva de ese país. A cambio de que estos le permitieran explorar su territorio, los capitalistas de AGIP estaban dispuestos a pagar el precio que habían solicitado los huaorani, y que era este: “ 50 kilos de arroz y 50 de azúcar, dos cubos de grasa, una bolsa de sal, un silbato de arbitro y dos balones de fútbol, quince platos, quince tazas y un armario con 200 dólares en medicina en una única partida”.El trato, que al final no se realizó porque los huaorani prefirieron cuidar su tierra parece infame. ¿Cómo cambiar petróleo por poquitas cosas? Pero acá viene lo que nos interesa. ¿Quién se engaña cuando cambia una taza para beber café por 850.000 barriles de petróleo? Los términos del acuerdo exponen de un modo ejemplar la oposición irreconciliable entre dos sistemas de proporciones y dos condiciones antropológicas, entre el “no mundo” y el mundo, entre el “fluir” y el “haber”, entre la miseria de la abundancia y las “cosas” de la pobreza. Hay que estar muy desesperado y muy hambriento para querer apoderarse a toda costa, sin querer desdeñar el engaño o el crimen, de más tierras, más petróleo, más casas, más televisores, más coches, más riqueza virtual; y hay que estar muy satisfecho, muy tranquilo, muy bien pertrechado, hay que valorar mucho las criaturas y los límites, hay que medir muy bien las ventajas de los objetos para apreciar el tesoro de quince tazas y un silbato de fútbol. Entre un crecimiento de la rentabilidad del 297 por ciento y un balón, unos platos y unas medicinas, la razón, la imaginación, la moral y la poesía de cualquier hombre que haya vivido antes de que se desatara la lógica destructiva de acumulación de capital no hubiese tenido dudas.La señora presidenta, tampoco la tiene. Esta convencida que alentar la furia del capitalismo es lo más beneficioso para los hombres y las cosas.Todas las formas de vida humana hasta el capitalismo han distinguido tres tipos de cosas.Las cosas de comer o “consumptibilis”, las de usar o “fungibilis” y las cosas de mirar o “mirabilia” (literalmente “maravillas” o cosas dignas de ser miradas). El ámbito de las cosas de comer es el de la reproducción cíclica de la vida, donde el hambre, aunque sea respetuoso de la sacralidad del mundo, no puede menos que destruir, no puede menos que transformar las cosas en medios para la reproducción biológica de la vida.En ámbito de lo fungible es el de las cosas de uso, de los instrumentos, herramientas; el ámbito de lo que es útil, duradero, portador por eso de la memoria del saber humano, y cuyo retorno por desgaste a la naturaleza se trata siempre de aplazar mediante cuidados y reparaciones.Finalmente las maravillas o cosas del mirar. Todos los pueblos han sabido renunciar a comerse, y al mismo tiempo inutilizar ciertos objetos, que por eso mismo tenían un valor sagrado, cosas de culto, obras de arte, herramientas que no se hacían con fines útiles, monumentos, edificios públicos; cosas que no estaban al alcance de la bocas ni de las manos, pero que sin embargo estaban ahí, al alcance de la mirada de todos.El capitalismo, que con tanto afán promueve nuestra presidenta, es el primer sistema económico y social que no distingue entre estos tres tipos de cosas. Es el primer régimen de producción e intercambio que convierte a todos los entes - casas, semillas, colores (existen colores patentados), panes, hombres ,imágenes, dioses- en comestibles, en consumibles.Una sociedad que no distingue entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar, porque se las come a todas por igual ,se define como una sociedad de consumo, pero es el tipo de sociedad más primitiva de que tengamos registro, una sociedad de pura subsistencia que necesita convocar hasta su agotamiento final toda la riqueza del mundo.Las mercancías se autodestruyen en el acto mismo de su nacimiento y destruyen así tanto las cosas que llevan dentro como al hombre que las produce. Una sociedad de consumo no es una sociedad de intercambio generalizado sino, en realidad, de destrucción generalizada. Una sociedad de consumo no es una sociedad de abundancia sino de miseria total. Su propia necesidad de producción ilimitada y su propia incapacidad para diferenciar las cosas la convierte en la primera sociedad de la historia sin cosas y, por tanto, sin mundo.Ni la tierra puede ser explotada sin límites ni los hombres pueden ser explotados sin límites. Sin límites no hay cosas; tampoco hombres.Nosotros, a diferencia de nuestra promotora presidencial del consumo, queremos diferenciar las cosas, poner límites y construir mundos para que vivan los hombres.

Fe.Ro.So.

1 comentario:

José Florito dijo...

Felicitaciones por el blog! abarca un montón de temas, dándonos una imagen acertada de la realidad mundial y nacional.